miércoles, 19 de noviembre de 2014

México, el paciente más necio

Otra comparación de políticas sociales y económicas entre México y Dinamarca

Artículo escrito por Alejandro Limón Portillo.

Quizá la solución viene desde la cocina. “Ellas lavan platos, ropa, cocinan, y se dedican a la casa. ¿Nosotros? Nosotros les llevamos el pan”. Error, mexicanos, el científico Geert Hofstede[i] descubrió que sociedades con mayor equidad de género resultan ser más felices. Y como recordarán, en mi artículo pasado vimos dos ejemplos de cómo Dinamarca lidera el rubro: mujeres con mejores resultados académicos que varones y una política de maternidad que incluye forzosamente al padre. Los resultados de felicidad ya los conocemos.

Cada año, el World Economic Forum publica el Global Gender Gap Report[ii], un índice de medición de igualdad de género, donde el número 1 representa la total igualdad, y el 0 lo opuesto. Los cinco primeros lugares de este año los lideran los nórdicos: Islandia (.859), Finlandia (.845), Noruega (.837), Suecia (.816) y Dinamarca (.802). Y, ¿dónde están las señoras de la casa?”, diría Peña Nieto. Bueno, están en la lavandería buscando un arduo 80° lugar, y reprobando la materia con un .6900 (usando la escala del sistema Tec de Monterrey). Así es, detrás de países como Senegal, Israel, Botsuana, Kazakstán, Kenia, etc. Usar la comparación de esta manera no es un insulto hacia esos países, sino un cumplido. Es admirable que con considerablemente menos recursos que nosotros logren superarnos en este ámbito.

Hofstede definió los valores masculinos como: acción, jerarquía, poder y nacionalismo, y los nombró “verticales”. A los femeninos (horizontales) les asignó colaboración, intuición, comunidad e igualitarismo. En su estudio observó que los países felices tienden a tener una estructura de valores horizontales (ej. Suecia, Dinamarca, Islandia), mientras que países con valores verticales (ej. Japón, Corea del Sur, Turquía) son muy inferiores en términos de felicidad. Basándome en la teoría de Hofstede, encuentro una posible explicación a esto:

Las sociedades que tienen baja igualdad de género tienden a beneficiar más al varón, el cual tendrá relativamente un más fácil acceso a puestos altos que la mujer. Esa sociedad tendrá roles laborales: hombres irán a producción y mujeres tendrán el papel de apoyo. Este sistema de apartar a las mujeres de altos puestos carga mucho estrés al hombre, que convive (compite) con otros hombres (de la misma sociedad) con mismo esquema de valores verticales. Entonces la jornada laboral se convierte en un juego de guerra de desgaste (en teoría de juegos se llama war of attrition). Pero todos en algún momento nos cansamos de competir. Sin embargo el trabajo no es un juego, y uno no puede simplemente retirarse, la mayoría tiene ataduras económicas y debe continuar laborando. Y, ¿qué es, sino una disminución de la felicidad, el tener que trabajar a la fuerza? El sistema de patriarcado hace al mismo hombre su víctima, teniendo como resultado que la mujer, libre del mismo, resulte más feliz. Pero Dinamarca no juega a esto, y los resultados hablan por sí solos. Así que caballeros, podemos empezar por lavar los platos esta noche.

Siendo Suecia vecino de Dinamarca considero que vale la pena comentar brevemente las medidas que tomaron para reducir la prostitución[iii], más aún cuando en Estocolmo, la capital, a solo cinco años de introducir la política, se redujo la cantidad de prostitutas en 2/3, y la cantidad de clientes en un 80%. Pero, ¿cómo lo hicieron? Penando el exceso de valores verticales. Los suecos consideran la prostitución como un acto de agresión del hombre hacia la mujer, que continuará siempre y cuando haya demandantes del servicio, pero si se logra penalizar al comprador, se acabará con la demanda, y pronto con la oferta. Se crearon agentes de policía encargados solo de ese asunto, y se les capacitó a profundidad a base de educación; tenían que convencerse de que la prostitución era un daño a la mujer. Un sistema de incentivos (becas por dejar la labor) que motivaba a las prostitutas a dejar su labor, y una campaña para educar a la población en general, respaldaron el movimiento. Reduciendo valores verticales minimizaron la prostitución, aumentaron igualdad de género y confirmaron que esta sí contribuye a mejorar el bienestar de la población.

¿Neoinstitucionalistas económicos?

Estos países nórdicos son el vivo ejemplo de cómo las instituciones afectan al país. En el caso de la igualdad de género, el buen diseño de la institución correspondiente hizo que la situación de las mujeres cambiara, que se modificaran actividades laborales de la población,  que mejorara el nivel de felicidad nacional y que la cultura evolucionara, cambiando entonces el ADN del país.  Quizás el mandarlas al diablo no sea la mejor solución tanto para gobernar un país como para ganar votos, ¿verdad AMLO?

Sucede lo mismo en México, nuestras instituciones nos definen. El IMSS, el CONACYT, la COFECO, SEDESOL, el INEGI, el INE (antes IFE), la SEP, la CONADE, entre otras, determinan nuestra educación, salud, acceso a bienes y servicios, seguridad, democracia, economía y demás, que son sin duda el alma de México. Pero, ¿qué tanto nos afectan? A continuación un ejemplo:

Teniendo una mala institución encargada de la educación obtenemos niños sin una preparación necesaria para laborar profesionalmente. Al no ser requeridos por la economía caen al desempleo, de donde les surgirán dos opciones:

a)      Buscar un oficio
b)      Dedicarse a la delincuencia

Si siguen la opción A, tendremos oficios que resultan ser típicamente mexicanos (algunos traspasados de generación en generación): boleadores de zapatos, organilleros, mariachis, manejadores de trajineras, malabaristas de semáforo, preparadores de esquites, micheladas y espiropapas con limón y salsa, taqueros, carpinteros, productores de dulces de leche y hasta vendedores de películas piratas.

Si siguen la opción B tendremos lo que en estos últimos meses hemos vivido intensamente: inseguridad. Niños que descubrieron que la delincuencia paga más que muchos (¿todos?) oficios. Puede ser desde un ladrón de un celular en un concierto, sin si quiera un arma blanca, hasta la mano derecha del Chapo Guzmán, controlando estados enteros de la República.

Claro que para elegir alguno de esos caminos influyen muchas cosas más, pero esto solo es un ejemplo de cómo teniendo aunque sea sólo una institución deficiente, en este caso la de educación, se crea cultura, ya sea buena o mala. ¿Qué sería de nosotros como mexicanos si tuviéramos una SEP, una CONADE, un IFE (ahora INE) de primerísima calidad? A ciencia cierta tendríamos más premios Nobel; los mexicanos somos inteligentes: nada menos el 9/11/14, donde niños mexicanos ganaron la competencia de robótica en la NASA[iv], por ejemplo. Tendríamos muchos más deportistas destacados de los que tenemos, pues talento hay, pero no suficiente apoyo e infraestructura. Tendríamos muy probablemente otros gobernantes, y con ellos otras políticas y otros destinos. Tendríamos posiblemente muchos menos desempleados, y sin ellos, muchos menos boleadores de zapatos, organilleros, mariachis, manejadores de trajineras, preparadores de esquites… ¿Cuál sería entonces nuestra imagen nacional si nos quedásemos sin ellos?

Cambiaríamos, claro, pero quizá para algo mejor. Dinamarca no tiene poco tiempo de ser un país desarrollado, y cuenta con mucha historia y cultura detrás de sí:
·         Sus vikingos.
·         Mitos y leyendas sobre troles.
·         Hygge: (en términos mexicanos) la situación y el momento de estar “a gustísimo”.
·         El popular Janteloven: los 10 mandamientos de la igualdad. En términos mexicanos, nadie puede ser mamón.
·         La cultura LEGO: así es, es una empresa danesa, el nombre proviene de: leg godt, que significa juega bien, haciendo alusión a ser honesto.
·         Christiana: ciudad hippie dentro de Copenhague; el Green light district, único lugar del mundo donde no hay leyes, se prohíben solo 4 cosas: no armas, no policías, no metanfetaminas, no correr.
·         Fama de ser ambientalistas, y casualmente las personas más felices del mundo.
·         Estatus social: donde se busca ser clase media y el snob no existe.
·         Su manera directa de hablar: no está en su deber dar explicaciones a nadie; solo usan el sorry en situaciones extremas, y no existe traducción directa de “por favor” al danés, pues no lo usan, ellos exigen.
·         Su frialdad: un apretón de manos es más que suficiente.
·         El ciclismo.
·         El handball: deporte nacional.
·         Los jardines del Tivoli: jardines excéntricos muy adornados dentro del parque de diversiones, rodeado de música, cafés, amigos, shows, arlequines; muy hygge.
·         Snaps: bebida alcóholica a base de papas.
·         Cerveza: Carlsberg, Tuborg, y las cervezas navideñas.
·         Alianza con Alemania en la Segunda Guerra Mundial.
·         El delicioso pan danés.
·         El altísimo consumo de tocino: Dinamarca tiene casi el doble de cerdos que de habitantes.
·         El dannebrog: serenata que entre amigos se llevan para festejar las bodas de plata.
·         El sistema de prisiones: Trátalo agresivamente, agresivo responderá”, la mayoría de los presos, mientras cumplen sentencia pueden ir a sus casa en fines de semana y manejar sus negocios vía teléfono o correspondencia.
·         Literatura: Hans Chrisitian Andersen y otros 2 premios Nobel en el área.
·         El Royal Danish Ballet.
·         Las sinfonías de Carl Nielsen.
·         Skagen: la ciudad de intelectuales, al norte de Dinamarca, donde pintores y músicos de toda Europa van a inspirarse.
·         La Reina Margrethe y toda la monarquía.
·         Su nivel de no-corrupción: el más alto del mundo (como vimos en mi nota pasada).

Esto, y mucho más moldea la cultura danesa para hacer a un danés lo que es, y sus instituciones están detrás. Dinamarca nos da el ejemplo de que desarrollarse no implica eliminar tradiciones y cultura. México evolucionaría con instituciones eficientes; nuestros gustos e intereses cambiarían, y como consecuencia nuestra oferta de bienes, servicios e industrias. Seríamos otros, a menos de que todos nuestros oficios se practiquen por placer, y no por necesidad, pero ese es un misterio que solo quienes los ofician saben.

Así que, otra explicación al por qué de la felicidad de los daneses es por el diseño y desempeño eficiente de sus instituciones. Si los mexicanos queremos escalar en el índice de felicidad podemos empezar por trabajar en mejorarlas.

Se mencionaron algunos datos sobre el sistema de educación danés en mi nota pasada, pero no escribí sobre los créditos educativos. Pero, ¿qué necesidad hay de que existan si el servicio es gratuito (hasta la maestría) y todos los alumnos tienen una beca mensual de MXN $13, 000?
La idea principal es para que el estudiante complemente sus estudios (una segunda licenciatura, segunda maestría o PhD) o su formación en general. Como ejemplo de esta última puede ser el caso de mi compañero de piso, quien solicitó un crédito para poder ir a Nueva York a tocar con su banda en una gira por EUA. Como estos préstamos los ofrece el estado, su objetivo no es que sea una fuente fuerte nacional de ingresos, por lo que las tasas son bajas (generalmente 4%, pero el Parlamento las puede modificar según casos específicos). Tienen un lapso de 15 años después de la graduación para terminar de pagar[v].

Como podemos ver, Dinamarca da todos los incentivos para que sus ciudadanos estudien.  Nuevamente: si queremos asemejarnos a ser un país desarrollado (y feliz), la educación es uno de los pilares que hay que mejorar.

Pero tanta educación requiere un descanso, ¿no?. El hecho de que se tengan precios altos en todo el país, más el hecho de todos estudien mucho, hace que nazcan los Friday Bars. Se puede tener una conferencia interesante a mediodía de un viernes común en el auditorio de una facultad, pero 12 horas después, allí mismo, se abre una barra donde se ofrecen bebidas mucho más baratas que en los bares de la ciudad, donde los alumnos y profesores pueden beber barato en un ambiente relajado e intelectual. En Aarhus, la ciudad donde vivo actualmente, el mejor y más famoso es el de Matemáticas. Y casualmente Filosofía, su eterno rival histórico, es quien le ofrece más competencia, pues vende las cervezas más baratas de toda la ciudad, y posiblemente las de toda Dinamarca: 5 DKK, o MXN $12.5. Química, medicina y teología no se quedan detrás, pero quienes sí lo hacen son los bares de la ciudad. Tal es la victoria de los Friday Bars sobre antros de la ciudad, que el gobierno ha prohibido que todas las facultades abran todos los viernes, así que ahora se turnan: un fin abre negocios, el siguiente derecho, después matemáticas, etc.

La justificación legal para beber dentro de, incluso salones, es fomentar la red de contactos, donde los estudiantes puedan convivir con profesores y alumnos de distintas áreas y edades, lo que aumenta la probabilidad de que el alumnado tenga un futuro exitoso. Incluso hay empresas que financian los Friday Bars para atraer a los estudiantes más brillantes[vi].

Quizá la estrategia les funcione, pues sin duda sus estudiantes le resultan ser productivos a la economía, pero no sin altos costos sociales. Vimos en mi artículo pasado que Dinamarca figura en el primer lugar de alcoholismo juvenil, y era claro esperar que después de la graduación siguieran bebiendo: el Global status report on alcohol and health 2014[vii] ubicó a Dinamarca en sexto lugar, de las 194 naciones pertenecientes a la ONU, en mayor consumo de alcohol per cápita. Beben 89.9 litros de cerveza per cápita anual, y 13.5 de alcohol puro.

Y como el viejo dicho dice: “Una cosa lleva a otra”, el alcoholismo puede llevar a la depresión[viii], donde las cosas se complican, y ya no se curan con chilaquiles o clamatos. Quizás el no ver el sol por tanto tiempo los deprima, o quizá es un error o evolución en la prescripción de los medicamentos, como dice The Guardian[ix] en una nota del año pasado, pero es un hecho que en Dinamarca el consumo de antidepresivos aumentó en más del 140% del año 2000 al 2011 (85 dosis diarias por cada 1000 habitantes). Quizás hemos sido unos tontos y no se nos ha ocurrido que para ser felices hay que erradicar la infelicidad, pues también Noruega (58 dosis diarias/1000 habitantes), Finlandia (70), Suecia (79) e Islandia (106, con el 1° lugar) están por sobre la media de la OCDE[x] en consumo de los mismos. Quizá ahorita mismo los machistas ya estén buscando una correlación positiva con el nivel de igualdad de género. Muchas cosas se podrán inferir, pero no olvidemos que en este periodo de once años se vivió en el mundo la segunda peor crisis económica de la historia. Con este punto en mente vemos que el consumo en Portugal y España, entre el año 2007 y 2011 aumentó en un 23%, y en Alemania un 46%. Aunque esto explique en parte el comportamiento, hay otros factores detrás, como el exceso de recetas de antidepresivos, o la capacidad de que curen ya otras enfermedades asociadas[xi], pero es un hecho que algo anda mal en torno a este tema en estas sociedades “alegre – depresivas”.

Con el alcoholismo y los antidepresivos confirmamos nuevamente que no existe utopía viviente. Ser de las sociedades más igualitarias en términos de género y clase económica, tener instituciones de primera clase, apoyo casi infinito para la educación, y las muchas otras cosas que vimos en mi artículo pasado, no garantizan un paraíso. Todo conlleva un costo.

La buena noticia es que la utopía no es necesaria para tener felicidad. Lo que sí es necesario para alcanzarla, según el Happiness Research Institute (HRI)[xii] es una receta con 8 ingredientes: confianza, seguridad, riqueza, libertad, trabajo, democracia, sociedad civil y balance vida-trabajo. Como podemos ver, son muy similares a los patrones que la OCDE toma para su Better Life Index, por lo tanto hay algo de correcto en que esos patrones lleven a la felicidad. Pero encuentro algo muy curioso en la perspectiva que tienen hacia la confianza y libertad:

Les gusta tener confianza en la gente: dejan a sus bebés en las carriolas afuera de las tiendas, los supers tienen productos afuera del edificio, dejan puestos de negocios sin atender, sabiendo que el cliente tomará un producto y pagará lo debido. Confían. Si hacen esto es porque no les gustar tener vigilancia. Pero a la vez les repudia que algunas personas tomen ventaja de esto (y de otros sistemas, como el pago de impuestos), por lo que instalan vigilancia para asegurarse de que el sistema en general funcione. Si este funciona como debe, entonces alcanzan la felicidad suprema; trabajan los 8 pistones que encienden la economía danesa, y eso los manda al paraíso. Modelado en una gráfica podría verse de la siguiente manera:
 Como podemos observar en la gráfica, a medida que incrementan las unidades de vigilancia, la felicidad también aumenta (asumí una relación de uno a uno, para fines de simplicidad). Esto quiere decir que les gusta tener un gobierno que observe y regule el sistema, de manera que funcione. Pero llega un punto en que “demasiada” vigilancia les incomoda. Como el estudio del HRI revela a través de la encuesta a 10, 000 daneses, confiar en el otro hace que las cosas sean más fáciles; más fáciles que contar con guardias de seguridad vigilando las calles, que instalar cámaras de seguridad en las tiendas, que poner códigos de barras en todos los productos, y que caminar con miedo por las calles. Eso los haría infelices., incluso tanto como si el sistema no funcionara en lo absoluto.

Me hubiera gustado graficar lo mismo para el caso de México, pero por lo que se ha vivido en el país en los últimos meses no estoy seguro qué tan conforme esté la gente con el sistema de vigilancia/seguridad. Por lo menos sabemos que para los ciudadanos de Ayotzinapa la gráfica sería totalmente distinta.

Para cerrar este segundo artículo sobre mi estancia en Dinamarca, solo quiero exponer mi reflexión sobre lo comentado vs. lo que se ha vivido recientemente en México:

Vivir en un país que tiene los mejores estándares de vida lleva a pensar que se ha viajado al futuro. Un futuro donde hay ciudadanos evolucionados preocupados por el desarrollo de la sociedad, de su economía y del medio ambiente. Si se camina por el callejón más cerrado de Ribe, o por la avenida principal de Copenhague se puede sentir que no hay problemas; que ya todo está arreglado; que ya llegamos a la meta. Sin embargo esto no es el futuro, es el mismo presente que vive México a miles de kilómetros de distancia. Mientras acá se subsidia el tour de una banda de rock estudiantil, con fines académicos, en Ayotzinapa desaparecen 43 estudiantes. El contraste es fuerte, pero se puede usar a nuestro favor: podemos traer cosas del “futuro”, pero con la ventaja de escoger qué llevarnos y qué no. Dinamarca y sus hermanos nórdicos han hecho experimentos que les han funcionado de maravilla, pero han conllevado costos que nosotros ya observamos y podemos evitar. Quizá hayamos pecado de Free-Riders, pero si ya lo hicimos entonces tomemos ventaja. Podemos llevarnos a Guerrero políticas educativas, a Sinaloa políticas de seguridad, al DF políticas ambientalistas. Podemos “extrapolar” lo mejor de estos países y evitar desastres como los recién vividos. Podemos depurarlas y dejar los antidepresivos en los escandinavos. Tenemos la receta y los efectos secundarios. Dejemos de ser necios y tomémonos la medicina, mi México.

Referencias




[i] http://scholarworks.gvsu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1014&context=orpc
[ii] http://reports.weforum.org/global-gender-gap-report-2014/rankings/
[iii] http://justicewomen.com/cj_sweden_sp.html
[iv] http://mexico.cnn.com/tecnologia/2014/11/09/ninos-mexicanos-triunfan-con-proyectos-en-el-centro-espacial-de-la-nasa
[v] http://www.su.dk/English/Sider/agency.aspx
[vi] http://alcoholcultureindenmark.webbyen.dk/
[vii] http://www.who.int/substance_abuse/publications/global_alcohol_report/en/
[viii] http://www.apa.org/centrodeapoyo/alcohol.aspx
[ix] http://www.theguardian.com/society/2013/nov/20/antidepressant-use-rise-world-oecd
[x] http://www.oecd.org/els/health-systems/Health-at-a-Glance-2013.pdf
[xi] http://www.huffingtonpost.es/2013/11/21/antidepresivos-espana-consumo-decada_n_4315552.html
[xii] http://www.happinessresearchinstitute.com/danish-happiness-explained/4578972751

martes, 21 de octubre de 2014

Efecto Domino

Artículo escrito por Rosa Yuritzi Ramírez Montiel. 

Para iniciar con este tema, se han preguntado: ¿qué tan conectados estamos para reflejar la economía de nuestro país?  El flujo circular cerrado de la economía (microeconomía) nos ayudará a llegar a la respuesta planteada. 

El flujo consiste en tres importantes partes, que son:
·   El gobierno, que tiene funciones como: proveer educación, salud, seguridad, empleo, crecimiento económico, desarrollo sustentable, combate a la pobreza, recaudación de impuestos, entre otros para la mejora día a día del ciudadano. Con esta organización, la familia y las empresas podrán convivir en un mejor ambiente para desarrollarse profesionalmente.
·   Las empresas, en donde se incluye a toda empresa nacional que tiene la función de proporcionar crecimiento económico por medio de su producción.


·   Las familias tienen dos papeles importantes, porque son quienes complementan nuestro flujo. Son dueñas de los factores de producción (tierra, trabajo, capital) y del conocimiento asociado, y son la unidad elemental de consumo. 


     La interacción de estos agentes provoca dos mercados: 1) el mercado de bienes y servicios, que consiste en la oferta de bienes y servicios al sector familia para satisfacer sus necesidades, por parte de las empresas, para que estas reciban a cambio un bien que es el dinero para volver a utilizarlo, ya sea para mayor producción, inversión, etc. y 2) el mercado de factores, que es donde las familias ofrecen los factores de producción a las empresas para recibir dinero que les sirve para tener poder de compra en el flujo. Estos mercados son observados y regulados por el gobierno, bajo las funciones que tiene, para conseguir el beneficio de ambos. Las familias depositan en el gobierno el poder para resolver algunos de los problemas que le atañen, mientras que al mismo tiempo le otorgan la capacidad de regular las actividades económicas. Las empresas cuentan con el apoyo del gobierno para crecer dentro del país ofreciendo sus bienes y servicios a las familias.

     Para hacer una demostración de cómo funciona este flujo, hablemos de Brenda y Carlos con sus dos hijos; ellos forman una familia. El matrimonio desde hace 3 años ofrece su trabajo a la empresa “Klatz” por $36,000 entre los dos mensualmente; la empresa se dedica a la distribución de productos agrícolas. Por otra parte, el gobierno ha incorporado un subsidio a este tipo de bienes porque han tenido problemas de escasez. Esta ayuda beneficia a la empresa para que no suba los precios de sus bienes y pueda seguir distribuyéndolos a las familias. No solo se ve afectada “Klatz”, sino también otras empresas con el mismo giro y las empresas que producen dichos producto agrícolas. La familia de Brenda y Carlos depende de estos bienes, porque su alimentación está basada en la compra de estos productos. Ellos gastan aproximadamente $6,000 en bienes de la empresa “Klatz”.
     En nuestro ejemplo, encontramos a los mercados y los agentes mencionados en constante interacción. Existen muchos movimientos en un día, y millones en el transcurso del año, y solo por mencionar algunos conocemos las nuevas políticas para el crecimiento, nuevos edificios para la salud y educación de las familias, apoyo financiero a empresas, impulso para la mejora de la seguridad en el país, ganancia de mayor credibilidad del gobierno frente a las familias, empresas con nuevos proyectos para crecer, desarrollo de la tecnología, etc. Todos estos movimientos se reflejan en los análisis económicos. Por ejemplo, la población ocupada, que es la que está aportando ingresos a las familias, en los últimos trimestres no ha tenido crecimiento y al compararla con el año 2013 tenemos una reducción de 58,140 personas. Aquí es donde el gobierno puede empezar a tomar medidas para generar empleo y crecimiento económico.


     Las personas empleadas generan bienes y servicios en las empresas, entonces para medir esta producción, tomaremos en cuenta el índice global de productividad laboral de la economía. Observamos que a pesar de que la población ocupada se está reduciendo, el índice no se ve afectado. Esto es una buena noticia para el PIN (Producto Interno Neto), porque el nivel de vida de las familias y la salud de las empresas están mejorando conforme pasa el tiempo. Aunque estos dos agentes se encuentren bien, esto no refleja totalmente la mejora del flujo, porque tenemos una baja en la población ocupada y no sabemos qué repercusiones puedan existir para las empresas, las familias y el gobierno al momento de seguir planeando crecimiento; por lo tanto hay que tomar medidas para los siguientes trimestres.



      Ahora el PIN nos ayudará a observar que tan eficientes han sido los trabajos de los tres agentes. Tenemos un crecimiento de 426,658.59 millones de pesos en el último año. Las propuestas e implementaciones que se realizaron en el 2013 generaron beneficios para todos en ese mismo año. Por el historial que se observa, se puede deducir que las decisiones que han tomado los agentes son buenas. El crecimiento del PIN del país desde el 2009 no ha dejado de crecer.


     Entonces, ¿qué tan conectados estamos para reflejar la economía de nuestro país? La respuesta es que estamos bastante conectados, porque cada agente tiene un papel importante en llevar el bienestar para sí y para la economía. Si uno falla todos nos vemos afectados; existe una sinergia, no hay más. Las decisiones hechas día a día se verán reflejadas en un futuro en los índices económicos. Para este año tenemos una crisis azucarera (porque hay exceso de oferta), la ley de ingresos del 2015 con nuevas modificaciones en los impuestos y aumento en la deuda pública. También se espera que la ropa mexicana siga creciendo como hasta ahora, estuvo la devaluación del peso en la semana pasada (que es la peor de este año), se sabe que la producción de esferas crece cada año 5%, en Chiapas se busca elevar la competitividad empresarial, entre muchas otras cosas.
     Los tres agentes pueden reflejar un efecto domino, porque si uno tiene problemas, contamina al resto. Por esta razón, es necesario que ellos tomen medidas para detener el efecto, ya que existe una gran incertidumbre en si las decisiones que se tomen en ese momento resolverán el problema rápidamente para que no se enferme todo el flujo y se haga un círculo vicioso inmediatamente.








martes, 14 de octubre de 2014

El gobierno de los bienes comunes

Artículo escrito por Axel Chávez Godínez

Estaba pensando qué tema dedicarle a esta nota, cuando se me vino a la mente que para cualquier economista, el principio de esta semana estará marcado por un acontecimiento que se celebra una vez cada año: me refiero a que se darán a conocer el o los ganadores del Premio Nobel de Economía. Cuando me vino a la mente esta idea, pensé que sería un buen tema especular quien sería el ganador; no obstante, mis esfuerzos prontamente se tornaron vanos al tener argumentos suficientes solo para descartar a unos cuantos favoritos. Fue entonces cuando decidí dedicar mi nota a algún ganador en especial, y qué mejor que Elinor Ostrom, quien es la única mujer ganadora del nobel de economía y a cuya obra he recurrido últimamente en repetidas ocasiones.
El problema estudiado por Ostrom en la ciencia económica se le denomina “la tragedia de los comunes”. Este nombre es resultado del trabajo pionero de Garrett Hardin y hoy en día es utilizado como sinónimo de una situación de degradación del ambiente a la que se puede llegar debido a la explotación de recursos naturales de libre acceso; el ejemplo por excelencia de este tipo de escenarios es el de los pastizales de uso común. Imaginemos una aldea de pastores, en la cual todos los miembros tienen acceso a los pastizales y donde sus animales pueden encontrar alimento. La zona de pastizales puede albergar un número determinado de ganado antes de llegar a su punto de sobreexplotación. En la aldea cada pastor es libre de introducir el número de cabezas de ganado que considere pertinente y no incurre en ningún costo directo por introducir una unidad de ganado adicional. Bajo esta perspectiva, Hardin llega a la conclusión de que prontamente el pastizal llegará a su punto de sobreexplotación, pues todos los pastores tienen fuertes incentivos para llevar a los pastizales el mayor número de cabezas de ganado. Esto termina por generar un problema aún mayor, pues los recursos naturales del pastizal terminan por ser insuficientes, lo que afecta la calidad (y tal vez cantidad) del ganado, y con lo que cada pastor resulta estar en peor situación de la que se hubiera alcanzado si en su conjunto no hubieran sobrepasado los límites del pastizal.
Una manera formal de modelar el problema de los pastizales, es mediante el conocido “dilema de los prisioneros”. Supongamos (solo por simplificar) que en la aldea habitan dos pastores; por otro lado el pastizal es capaz de albergar un total de “L” cabezas de ganado antes de llegar a su punto de sobre explotación, de esta forma cada pastor se encuentra con dos posibilidades de acción: individualmente pueden elegir  "L/2" cabezas de ganado o cualquier monto mayor. Si ambos eligen "L/2" cabezas, los máximos beneficios se dividen al dejar a sus respectivos rebaños en los pastizales. Digamos que obtienen un beneficio de 10 unidades cada uno, por lo que en el caso de que un pastor escoja un número de cabezas de ganado superior a "L/2" , el pastor que eligió el mayor número de ganado obtiene un beneficio de 11 unidades mientras que el otro enfrenta una pérdida de -1. Si ambos eligen llevar al pastizal una cantidad mayor a "L/2" el beneficio es nulo; esto lo podemos observar en la Figura 1.


En la Figura 1 se describe el diagrama de la situación, donde la alternativa “C” representa cuando ambos pastores cooperan eligiendo "L/2" unidades de ganado y “D” es cuando ambos desertan y eligen algo mayor a "L/2". Como se puede ver, la mejor alternativa para cualquier pastor es desertar, sin importar lo que el otro haga, por lo que siempre se termina por incurrir en la tragedia de los comunes.
Para escapar de esta solución, varios han propuesto como vía de solución la intervención gubernamental. Para incluir este elemento en el modelo, supongamos que los pastores recurren a un agente llamado Estado, quien ahora multa a cualquier pastor que elije desertar y le retira 2 unidades de beneficio. Bajo este esquema la situación resultante queda expresada en la Figura 2; ahora desertar ya no es costeable pues siempre se puede lograr un mejor resultado cooperando y también se puede obtener un beneficio de 10 unidades en vez de 9 unidades (lo máximo que se obtiene al no cooperar). Sin embargo, ¿cuál es el problema de recurrir al Estado y evitar la tragedia de los comunes en el uso de los recursos naturales? Bueno, en primer lugar los costos de monitoreo pueden ser muy altos y la supervisión no siempre es perfecta, por lo que algunos agentes pueden evadir la multa (si no, preguntémosle a los traficantes de animales exóticos). Es así que la intervención gubernamental no es efectiva la mayoría de las veces en la práctica.
Otra posible solución a la tragedia de los comunes es el mercado, al conceder a los pastores derechos de propiedad sobre porciones del pastizal; pero esta alternativa, al ser aplicada a la mayoría de los recursos naturales, se vuelve muy compleja y no está exenta de generar asignaciones ineficientes de los recursos naturales. En este contexto, la solución que propuso Elinor Ostrom (por la cual se hizo acreedora al nobel) fue lo que se conoce como “Acción Colectiva”, es decir la posibilidad de que los mismos pastores generaran esquemas institucionales que les permitieran evitar la tragedia, por ejemplo pactando un contrato administrado por un tercer agente ajeno al problema.
El núcleo de la teoría de Ostrom no es que la acción colectiva sea superior al Estado o al mercado para la administración de los recursos de uso común, si no que en una situación donde se incurra en la tragedia de los comunes, es posible idear esquemas de acción colectiva para superar esta ineficiencia. En la práctica, Ostrom ha diseñado mecanismos de acción colectiva aplicables a pesquerías y a problemas relacionados con la tenencia de la tierra, con buenos resultados, por lo que la labor de Ostrom se ha alzado hoy en día como una tercera vía de solución al problema de la administración de los recursos de uso común en contrapuesta a la intervención gubernamental y al mercado.

martes, 7 de octubre de 2014

“El trade-off de la felicidad subjetiva”

 Una guía para valuar a nuestro México

Artículo escrito por Alejandro Limón Portillo

Alguien lo compartió en Facebook; luego salió en las noticias y algunos periodistas importantes lo twittearon: “Dinamarca, el país más feliz del mundo”.

Al principio leí un poco sobre la noticia y sobre el tema. Me interesó. Pero no encontraba una respuesta real que me dijera qué hacían los daneses para ser felices. Primero pensé en verlo por mis propios ojos, pero creí que vivirlo sería la mejor forma de averiguarlo. Y así es como estoy cursando mi segundo mes viviendo en Aarhus, la segunda ciudad más grande de Dinamarca. Estaré aquí por 14 semanas más tratando de averiguar qué hace que unas de las razas más frías del mundo se proclame la más feliz del planeta. Para encontrar la respuesta, o por lo menos un intento de ella, se necesita partir de las preguntas básicas: ¿qué es la felicidad?, ¿qué hace feliz a la gente?, ¿qué tienen ellos que nosotros como mexicanos no?

Como este no es un blog de filosofía ni sociología, no me aventuraré a hacerle de Séneca y darles una definición de felicidad. E incluso, aunque fuera un blog de dichas áreas, no tengo (y estoy muy lejos de hacerlo) una definición acertada. ¿Cuánta gente ha muerto sin saberlo?, ¿cuánta gente muere buscándola?, y ¿cuán pocos logran vivirla y entenderla?

Lo que sí puedo ofrecerles es el enfoque que la ciencia económica le da a la felicidad. Como mencioné un par de párrafos arriba, estaré otras 14 semanas más viviendo en Dinamarca, así que cada una de las notas que escriba a lo largo de este periodo, estarán relacionadas con el tema de la felicidad social. Seis semanas es muy poco para conocer una ciudad, su gente y sus valores, pero es tiempo suficiente para darte cuenta por lo menos de su “epidermis”. También estoy consciente que después de los meses restantes experimentando y conociendo a la raza danesa, estaré muy lejos de entenderla, sin embargo confío en poder dar una razón más sensata sobre el resultado que varios estudios ofrecen sobre su felicidad. Así que usando información sobre el índice de la OCDE “para una vida mejor”, otras fuentes (citadas al final de la nota),  y la vida propia en este país, trataré de averiguar si esta sociedad verdaderamente se encuentra realizada. Los invito a leer los varios artículos que publicaré a lo largo del semestre.

Sería difícil para cualquiera definir la palabra felicidad. Arrastra cultura, (¿educación?), salud, ingresos, amor, y estoy seguro que una infinidad de cosas más, pero lleva principalmente subjetividad. ¿Cómo dar una sola definición a algo que nos es distinto a cada uno de los 7 mil millones de habitantes que vivimos en la Tierra? Para unos será un Lamborghini, para otros una bici;  algunos somos felices corriendo y sudando, otros leyendo; alguien es feliz acampando en el Himalaya, otro lo será esquiando en la artífice ciudad de Dubai; alguno estará realizado jugando para el Real Madrid, y otra será feliz casada con un humilde y honrado campesino del sureste mexicano. Quién sabe. Pero lo que es real es que a todos nos gusta el bienestar, y el bienestar es primo de la felicidad, y a diferencia de esta última, se puede calcular, o por lo menos se intenta.

La OCDE lanzó en el 2011 la Better Life Initiative, que busca mejorar el progreso de la sociedad a través de once formas de bienestar: hogar, ingresos, trabajo, comunidad, educación, medio ambiente, compromiso cívico, salud, satisfacción con la vida, seguridad y balance vida-trabajo. Y como adivinarán por el título de la nota que leen, en el lugar número 1 figura Dinamarca.

Estoy convencido de que el dinero no significa la felicidad, pero como diría el dicho mexicano: “vaya que se le parece”. Y Dinamarca es una viva prueba de ello; el dinero ha sido el medio para conseguir mejores estándares de vida. Usando algunos de los parámetros de bienestar de la OCDE, observamos a los daneses de la siguiente manera:

·         INGRESOS:
o    El ingreso ajustado neto (cantidad que una familia gana después de impuestos), por hogar promedio es de $25,172 USD al año, superior al promedio de la OCDE (considerando los altísimos impuestos que pagan).
·         EMPLEO:
o   El 73% de la población entre 15 y 64 años tiene empleo,  superior al promedio de la OCDE.
o   Trabajan 1546 horas al año, o 37 a la semana,  menor al promedio de la OCDE. Como Yuritzi Ramírez bien dice en su nota del 2 de septiembre, el secreto radica en la productividad.
o   Solo el 2% se excede de las horas de trabajo, inferior al promedio de la OCDE.
o   Puesto número 1 del ranking Best Country for Business, de Forbes (2009).
·         EDUCACIÓN:
o   El 77% de los adultos tienen título de preparatoria; mayor que la media de la OCDE.
o   El estudiante promedio alcanza 498 puntos en habilidades lectoras, matemáticas y ciencias, superior a la media de la OCDE. Y un dato interesante: las mujeres salieron más altas que los varones, lo que habla del nivel de equidad de género en el país.
·         SALUD:
o   El promedio de vida es de 80 años, igual al promedio de la OCDE.
·         COMPROMISO CÍVICO:
o   El 96% de las personas confían en tener a alguien en momentos de necesidad, mayor que el promedio de la OCDE. Según una encuesta de SoCap, la sociedad danesa es la que más confía en el prójimo, por lo tanto la transparencia política es mejor que un cristal recién fabricado.
o   La participación de voto fue de 88% en las elecciones, lo que refleja la confianza en el gobierno y en las instituciones. El porcentaje es mayor que el de la media de la OCDE.
o    Según el “Índice de percepción de corrupción” del año 2013, de la Agencia de Transparencia Internacional, Dinamarca es el país  menos corrupto del mundo.
·         SEGURIDAD:
o    Es el segundo país más pacífico del mundo (detrás de Islandia), según el Índice de Paz Global del 2014. México ocupa el 138.
·         SATISFACCIÓN CON LA VIDA:
·         El 84% de las personas dicen tener mayores experiencias positivas que negativas en un día. Mayor al promedio de la OCDE.

Y aquí es donde probablemente los acérrimos defensores de la estadística y econometría rebatirán, pues estos datos son solo estadísticas. Sí, es verdad que fueron obtenidos mediante una muestra aleatoria representativa de la población danesa, probablemente pasaron por pruebas de hipótesis, se usaron regresiones, etc. Pero estos datos no revelan lo que un danés cenando sí: la vida diaria; la experiencia.  Pero ¡aguas!, no estoy diciendo que el índice esté incorrecto, ni que los números sean una farsa. Como estudiante de economía no solo creo en la estadística y en sus procesos, sino que me ha tocado (desafortunadamente), junto con buenos amigos (afortunadamente), demostrar sus diversos teoremas a lo largo de la carrera, aprendiendo (por las malas) que es una herramienta que es real y que sí funciona;  en México, Dinamarca y China, 2+2 siempre será igual a 4, no hay pierde.  Las estadísticas del país no mienten, pero tampoco representan una utopía. Al final de la nota pongo algunas razones del porqué de esta idea, pero primero continuaré presumiéndoles a estos vikingos.

Partamos de qué ha hecho Dinamarca para lograr lo que hoy es. Primero que nada, han adoptado un modelo de bienestar (característico de los nórdicos) que garantiza protección social para todos, poniendo especial atención en la distribución de ingresos. Para lograr esto tienen un sistema de impuestos muy avanzado en el que pagan cantidades altísimas de sus ingresos, pero en el que confían ciegamente (recordar los resultados de la encuesta SoCap). De esta manera, los recursos son asignados de manera que la sociedad tenga el mayor bienestar posible, lo que a su vez encaja con los valores que les inculcan desde muy chicos en las escuelas: colectividad, igualdad, solidaridad, derechos humanos y democracia. Estos son los pilares de su educación; tomemos nota, México. El cumplir con ellos les da enorme felicidad, sienten que contribuyen al “contrato social” que hace al país girar como una rueda bien aceitada de la que están muy orgullosos y de la que presumen cada que pueden. Y si algo hace que se sientan indignados y heridos, es que alguien no contribuya a aceitarla: aborrecen especialmente a los inmigrantes de Europa del este que, buscando salir de sus países pobres para buscar un mejor futuro, llegan a Dinamarca, gozando gratis, entre otras cosas, de universidades de alto nivel, pero sin pagar un solo impuesto. Quizás sean solo generalizaciones, pero les creo: el único con el que he podido hablar (un rumano) me enseñó como tiraba a la basura los sobres que le llegan demandándole pago de impuestos. Quién no se iba a enojar.

Los principales beneficios que gozan con este famoso estado de bienestar son los siguientes:

1.      Educación gratuita.- No pagan nada del kínder hasta la maestría. No se hable sobre la calidad del servicio educativo que reciben.
2.      Subsidio para la educación.- Para todos los estudiantes mayores de edad, el estado les da poco más de 5,300 coronas danesas al mes, es decir, 725 euros mensuales o $13,050 MXN mensuales (aclaro que es aparte de no pagar colegiatura).
3.      Servicio médico gratuito de alta calidad.- Cobertura total desde una gripa hasta el peor de los cánceres. Dan al ciudadano la posibilidad de escoger al médico que deseé de toda Dinamarca. Se incluye todo servicio médico, excepto el dental.
4.      Pensión de vejez.
5.       Subsidio de vivienda para personas de salarios bajos.
6.       Servicio de bibliotecas gratis.
7.      Permiso por maternidad.- Un año a repartir entre padre y madre (vuélvase a notar la enorme igualdad de género). La madre debe tener como mínimo 126 días, y el padre 14. Además, los primeros 6 meses se paga el 100% de sueldo.

En cuanto a la política, todos los partidos apoyan al estado de bienestar, sin embargo la tasa de impuestos siempre les ha funcionado como el mejor debate. Pero aún así están a favor del modelo: en el año 2007 el gobierno anunció una reducción de impuestos, pero la respuesta no fue la esperada: hubo huelgas y manifestaciones en las principales ciudades de Dinamarca, apoyando una campaña cuyo logo decía: “Sí al bienestar para todos. No a la reducción de impuestos”. En el año 2009, 30% de la población opinó que los impuestos debían ser elevados. Un último ejemplo: según el instituto de Analysis Green, 7 de cada 10 ciudadanos están de acuerdo con el sistema actual de impuestos. Mucho que reflexionar como mexicanos…

Suena inspirador y motivante. “Vamos a vivir a Dinamarca”, estará pensando algún lector, pero cuando se entere de que el impuesto sobre la renta puede ser mayor al 55%, quizás de repente se le antojen unos tacos de pastor con salsa roja.

Dinamarca tiene un sistema de impuestos progresivo, es decir, a mayores ingresos, mayores retribuciones que pagar. Se ha hablado y discutido mucho del modelo de Robin Hood en México: “que los ricos paguen más”, y yo, estando lejos de ser rico, estoy en contra de eso. Antes de que el lector cierre el blog, le pido que lea el siguiente argumento:  en un país como México, donde la economía informal es mayor al 60%, gravar aún más a los que sí aportan significaría castigar al productivo y culparlo por el crecimiento económico. Gravar la productividad es lo menos que nuestro país necesita. Pero de lo que sí está sediento es de aumentar la base gravable. Pero esto no es nada nuevo, no es el elixir de la economía nacional, lo sabemos todos desde hace tiempo, lo domina Videgaray y Chong, y aunque usted no lo crea Peña también. Pero dejemos el tema de la corrupción para algún otro post. Aquí en Dinamarca se pueden dar “el lujo” de pagar impuestos porque ven el efecto de hacerlo. Como diría el juez y escritor antiguo Oliver Holmes: “I like to pay taxes. With them I buy civilization”. ¿Podemos decir lo mismo, mexicanos? He ahí la diferencia.

La tabla siguiente muestra el sistema de impuestos progresivo. Está es quizás un tanto “aproximada”, porque la tasa depende de la zona en que vivas, sin embargo la variación es poca.



Las tasas y los ingresos son anuales, sin embargo no dejan de ser cantidades enormes a pagar. Y aunque no todos tienen un “súper ingreso” con el que deban pagar 59%  o incluso un 43.58% del ISR, todos están sujetos a muchos otros impuestos. Por ejemplo, el IVA es del 25% para todos los productos. Ah, y no soy muy fans de Ronald Coase, porque sí (y vaya que sí) pagan las externalidades negativas: tienen un impuesto verde con el que tratan de compensar a la sociedad por las emisiones de dióxido de carbono que emiten los autos. ¿Cómo la compensan? Pagando un impuesto de matriculación (ponerle placas al coche) de 180% del valor del auto. Así que el que todos anden en bici no es cuestión de moda hipster ni ninguna casualidad. Es una postura ganar-ganar: hacen ejercicio, se mantienen saludables, se enferman menos, no contaminan, se independizan (y ahorran) del precio del petróleo, ocupan menos espacio, no hacen tráfico, etc. Me deprime pensar lo mucho que nos falta para tener la visión de estos semi-albinos que hoy tienen los impuestos ambientales más altos de toda la Unión Europea. Cabe mencionar que el gobierno introdujo este regalo (porque sí lo es, si no lo cree el lector mexicano, recuerde un viernes de quincena y puente a las 7pm al sur de la Ciudad de México) a sus ciudadanos hace más de 30 años.


Ya metidos en el tema de impuestos quiero compartirles las dudas que me han surgido sobre el liberalismo económico. No soy un libertario apasionado o un aguerrido del laissez-faire, pero la economía del libre mercado me ha logrado convencer a lo largo de la carrera. Las muchas demostraciones matemáticas, las gráficas que muestran como el bienestar es mayor cuando se comercia libremente, las cajas de Edgeworth, y los miles de modelos que hemos estudiado en la licenciatura, me han probado que la libertad económica es buena, o sea, que entre menos intervenga el Estado en la economía, mejor. ¡Pero caray!, el modelo danés me mueve el tapete, porque si hay algo que no tienen ellos es libertad económica, y eso no me lo pueden rebatir; sin embargo tienen una economía más que firme. “Frihed under ansvar” canta su lema cuya traducción al español sería: “Libertad bajo responsabilidad”… ¿Libertad? Llámelo como quiera el lector, pero las demostraciones matemáticas del liberalismo económico parecen no haber tomado el vuelo a Dinamarca. Quisiera tener una explicación a esta duda, y espero tenerla para las notas posteriores. Son muy bienvenidas sus opiniones y comentarios al respecto.

Hay muchas más virtudes que este país tiene y que lo hace ser de los más felices del mundo, pero las escribiré en notas posteriores. Sin embargo sí pongo algunas de los vicios que tiene, pues como en todos lados: no todo son sonrisas.

Quisiera que un psicólogo o sociólogo me explicara cómo el país supuestamente más feliz del mundo ocupa el onceavo lugar en tasa de suicidios. Así es, son felices pagando impuestos, andando en bici, aprendiendo de las mejores escuelas, ahorrando, no gastando en enfermedades, teniendo una excelente economía, pero aun así, se suicidan. Las cifras del Washington Post revelan que ocupa el onceavo lugar con 11.3 personas por cada 100,000. Es decir, se quitan la vida casi tres veces más que los mexicanos (4.4). Ahora la moneda gira a nuestro favor: ¿qué hacemos nosotros que nos triplica las ganas de seguir viviendo, y que a ellos no? ¿Sopes?, ¿corridos?, ¿pasión por el futbol?, ¿adicción a las telenovelas?, ¿tráfico?, ¿pobreza?... No lo sé, pero estos datos ponen en duda al índice de la OCDE.

Como dije: no todo son risas y diversión. La soledad es un problema que los acecha muy de cerca. Platicando con unas danesas (eso sí, guapérrimas) me contaban que hay un problema que el gobierno está tratando de erradicar desde hace ya bastante tiempo: el aislamiento. Quizás sea la falta de sol, la lluvia diaria, las nubes grises, pero tratar de sacar plática a un danés a media calle puede hacer creer a uno que irá a la silla eléctrica por la mirada que recibe. Si quieres y buscas silencio no te adentres en el bosque, ni salgas a caminar a una calle tranquila; solo súbete a un camión. Los camiones, caray, parecen cementerios andantes, donde parece que a los mosquitos se les cobra por subir, porque ni un zumbido se escucha. Ya sea estudiando, leyendo, oyendo música o revisando Instagram, resulta imposible recibir de ellos un amistoso “¡Hola!” en el vehículo. Si se encuentran del lado de la ventana, y hay alguien sentado a su lado impidiéndoles el libre paso, ¿saben cómo le hacen para salir? No dirigen la palabra, sólo se soban las piernas. Sí, como cuando buscamos que la fricción con los pantalones nos den calor en las manos. Así hacen cuando se acerca su parada, e incrementan el ritmo hasta que la persona de al lado se percata y finalmente se mueve. ¿Los más felices del mundo…? Como dije en un inicio: los números no representan una utopía.

Y no sé de dónde haya obtenido sus datos SoCap, o cómo los haya usado, pero la viva experiencia creo que en este caso cuenta con una mejor base de datos, porque en una conferencia que recibimos en la semana introductoria al semestre, nos dieron una posible explicación al comportamiento social de la soledad y la exclusión: el pago de impuestos. El pagarlos parece hacerlos sentir como si no debieran absolutamente nada ni al gobierno ni al pueblo danés; ellos ya contribuyeron con su obligación.  Es decir, pagando impuestos no sólo compran educación, servicios de salud, miles de prestaciones, aire limpio y demás cosas que ya mencionamos, sino que les sobra un poco para comprar individualismo. No he tenido la oportunidad de verlo, pero dicho por el conferencista danés: “cuando tienen algún problema, nadie ofrece ayuda”. Quizás en México no seamos los más amables, pero cuando preguntas por una dirección recibes como mínimo una sonrisa. Aquí hasta esas son caras.

Un último ejemplo antes de cerrar mi nota mensual. Según la OCDE (2013), Dinamarca tiene la tasa más alta de alcoholismo en jóvenes. Ahora el encontrarse arriba de la media en este rubro no es motivo de orgullo. Y, ¿la alta educación?, ¿los valores?, ¿el súper sistema de salud? Diría Fernanda Familiar: “hasta en los mejores países”. No tengo muy claras las razones, ni he leído ni preguntando sobre este problema, pero tengo tiempo suficiente para investigar y tenerles más información sobre esto para el próximo mes.

De pronto dejó de ser una tierra de ensueño, ¿verdad? ¿Dónde quedaron las bellas historias de Christian Andersen? ¿Se fueron a tomar con sus amigos infantiles, o peor aún, se suicidaron? La cuestión es que en todos lados hay de todo. No hay paraíso en la tierra. No hay utopía viviente. Los problemas son parte de la vida diaria de todo humano, ya sea como un indigente pidiendo limosna en el metro Allende, o como un joven alcohólico con ideas suicidas en pleno centro de Copenhague. Hasta ahora lo que he aprendido es que es un trade-off. Quizás el que más me ha hecho reflexionar. Si hay problemas (nada sencillos) en el país más feliz del planeta, lo hay en todos lados. Siento decepcionarlos o despertarlos. Y así como resulta difícil e impreciso tratar de medir la felicidad y el bienestar, también resulta muy complicado darle valores a este trade-off que hace tan distinto a nuestros países, pero también tan similares por la cercanía a las dificultades. Que alguien me diga de verdad qué es mejor: ¿un camión con un silencio ensordecedor, o un metro atestado de música, olores, ruidos y sabores? Qué es mejor: ¿un servicio de salud de altísima calidad, o un IMSS donde atender una fractura puede conseguir una cita hasta el mes próximo? Qué es mejor: ¿Felices suicidándose, o mariachis partiéndose el lomo tratando de sobrevivir?

Como estas, miles de comparaciones más. Cada país tendrá sus bellezas y asperezas, pero es un hecho que este trade-off nos define a todos y a cada uno de nosotros en este mundo, y por eso yo lo llamo: el trade-off de la felicidad subjetiva, el más complejo de todos.

Si quieren saber un poco más sobre el tema, les recomiendo ver el siguiente video:
REFERENCIAS:
 1.-  Gola, Petr. Confédération Fiscale Européene. n.d. <https://www.cfe-eutax.org/taxation/environmental-taxes/denmark>.
2.- international, Transparency. Transparency International. 2013. <http://www.transparency.org/cpi2013/results>.
3.- June, Dwan. Washington Post. 2005. 2014 <http://www.washingtonpost.com/wp-srv/world/suiciderate.html>.
4.- macro, Datos. DATOSMACRO. 2014. <http://www.datosmacro.com/paises/dinamarca>.
5.- OECD. OECD. n.d. <http://www.oecdbetterlifeindex.org/countries/denmark/>.
6.- Pope, Tara Parker. NY Times. 22 April 2013. <http://well.blogs.nytimes.com/2011/04/22/happiest-places-post-highest-suicide-rates/?_php=true&_type=blogs&_r=0>.
7.- Wikipedia. Wikipedia. 2013. <http://es.wikipedia.org/wiki/Dinamarca#Estado_de_bienestar>.